Helsinki

No dejábamos de mirar. No dejábamos de sentir. De imaginar. De soñar. Lo que había ahí dentro era lo de menos. Importaba poco. Ese rectángulo blanco que el destino ponía en nuestras manos era sólo un motivo. Una razón para empezar.

Lo supimos desde aquel instante. Desde aquel momento en que salieron disparadas esas ocho letras. Ocho inofensivas letras con poderes mágicos. Ese instante fue nuestro pequeño Big Bang. Capaz de crear ilusiones en las mismas coordenadas de espacio y tiempo.

Ahora toca apiñar en una maleta todas las ganas para encontrar(nos). Para perder(nos). Para escuchar(nos). Para sorprender(nos). Para descubrir(nos). Igual tendremos que pagar algún recargo adicional por sobrepeso de equipaje. Pero da igual. Porque no hay desafíos imposibles. Sólo personas impasibles ante lo posible.

Y nuestro primer desafío es… ¡HELSINKI!

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