Juzgando Viajes

Una reseña de “El idiota que viaja: relatos de turistas” de Jean-Didier Urbain

        Desde el nacimiento de la humanidad, el hombre se ha desplazado por el territorio. Los motivos de estos movimientos han ido transformándose con el tiempo. Supervivencia, necesidad, exploración, placer. Estos son algunos de los fines buscados con el viaje a través de la historia, y no necesariamente en ese orden cronológico. El enfoque que será analizado en el presente texto se refiere a la noción de viajero de la época contemporánea.

        El libro de Jean-Didier Urbain busca establecer definiciones y características de las personas que viajan reflejados en dos categorías, turista y viajero. Y esta es la real premisa de la obra; la existencia de dos grandes arquetipos de personas que se aproximan y viven el viaje de diferentes maneras y con distintos propósitos. El autor expone desde un comienzo la idea de cómo el turista ha ido adquiriendo, desde sus inicios, una connotación negativa. A través de diversos ejemplos tales como extractos de textos de viajeros del siglo XIX y XX, publicidades y publicaciones, vamos comprendiendo las claves que han ido definiendo al turista como una persona indiscreta, indeseable, miembro de un rebaño que invade territorios molestando con su cámara tanto a los locales como a quienes se consideran viajeros.

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        Aquí es donde el libro busca hacer un contraste, refiriéndose al viajero como al explorador y descubridor de antaño. Se define a este viajero como aquel que busca nuevos territorios, lugares desconocidos, para poder después revelaros al resto del mundo y así establecer su diferencia con el resto. En el fondo, es quien busca un sentido transformador en su desplazamiento. Sin embargo, y con la creciente industria turística, éste ha ido menguando, dejando el concepto de viaje casi únicamente a los turistas. Esto se explica debido a que ya está prácticamente todo conquistado, descubierto y expuesto para que la gente que viaja pueda visitarlo, ojearlo y registrarlo. El libro es de 1992, y es correcto afirmar que veintiséis años después, el fenómeno no ha hecho más que consolidarse.

        El texto se enfoca en ir definiendo al turista contemporáneo y cómo ha ido queriendo acercarse a la cultura, a la ciudad, pero también a su periferia y a lugares más recónditos. Si bien entendemos que el turista tiene una motivación, que según el texto es primordialmente de curiosidad indiscreta y placer, aún así se opta por establecer su estatus denigrante. Esto se evidencia no sólo en cómo los que se dicen viajeros, curtidos y «reales exploradores» suelen mirar con desprecio al turista, sino que también en cómo el propio turista reniega de sí mismo y busca alejarse de su propio concepto.

        Durante la totalidad del libro, se exploran reiterativamente estas dos categorías, haciendo precisamente eso, categorizar. En cierto punto, termina resultando algo extenuante cómo el autor enfatiza en la misma idea de turista versus viajero, y cómo ambos quisieran alejarse del concepto turismo. El subtítulo «relatos de turistas» termina siendo engañoso, ya que realmente no hay historias dentro del libro que sirvan como exposición in situ del tema, sino que ejemplos y citas que son interpretadas por el autor para dar a conocer su tesis. Por lo tanto, no se puede evitar pensar que el carácter jocoso de su presentación –incluir la palabra «idiota» en el título es bastante provocador- es solo una fachada. Que esto sea válido como propuesta de enganche queda a interpretación de cada uno. En el caso de un servidor, esto significó una decepción que se arrastró durante la lectura, al querer explorar esta visión a través de, precisamente, relatos.

Debido a la masificación de la comunicación y conectividad en todos sus ámbitos, ya no se escapa ningún lugar de ser descubierto, compartido y registrado en millones de redes.

Sin embargo, el libro y su idea sigue vigente hoy en día. Podría hasta decirse que de manera más pronunciada, ya que el crecimiento del turismo ha sido exponencial. Debido a la masificación de la comunicación y conectividad en todos sus ámbitos, ya no se escapa ningún lugar de ser descubierto, compartido y registrado en millones de redes. El viajero, mientras tanto, está prácticamente en extinción si es que no completamente desaparecido. Según el libro, la distancia entre turista y viajero se ha ido acortando con el tiempo. Cabe preguntarse si es que existe ya alguna distinción realmente.

3 comentarios en “Juzgando Viajes

  1. Interesante punto de vista el que expones. A mí parecer se le debería dar una nueva connotación al concepto de turista, dejar de verlo como algo malo, sino todo lo contrario, como alguien que llega a nuevos lugares a enriquecerse de la cultura, a conocer y encantarse, y no como un invasor que llega solo a “molestar”.

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    1. Gracias por comentar! Claro, yo concuerdo en que viajar para enriquecerse, conocer y encantarse con una nueva cultura es completamente positivo. Es por eso que, creo yo y tú sabes también, que deberíamos de dejar de lado tanta categoría y simplemente vivir, disfrutar y aprovechar la vida sin etiquetas.

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